La voz del descontento: Venezuela rechaza masivamente un proceso electoral cuestionado

Este domingo, las calles y los centros de votación en Venezuela se convirtieron en un reflejo palpable del rechazo ciudadano hacia un proceso electoral que cada vez pierde más legitimidad y credibilidad. Desde muy temprano, la notable ausencia de votantes fue la imagen predominante: calles desiertas, oficinas de votación vacías y un silencio que habló por sí mismo.

El ejercicio electoral, que pretendía renovar 24 gobernaciones, 285 diputados y 520 legisladores regionales, se desarrolló en un clima de desafección generalizada. La participación oficial reportada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) fue de apenas un 12,56%, un indicador claro del escaso interés y del rechazo profundo que despierta en la población este evento. Para muchos venezolanos, este acto no fue más que una farsa, una nueva escenificación en la que los resultados ya estaban definidos de antemano y donde la participación popular se había convertido en un acto simbólico de resistencia.

El silencio de los ciudadanos en las urnas fue más elocuente que cualquier declaración o acusación de las autoridades. La gran abstención refleja un rechazo categórico a un proceso que, para amplios sectores, no representa la voluntad popular, sino una estrategia de consolidación del régimen. La falta de interés no solo evidencia el desencanto con las instituciones electorales, sino también la percepción de que el voto no tiene impacto en un sistema dictatorial, donde las decisiones parecen ya estar predestinadas y donde las garantías para una elección limpia y transparente brillan por su ausencia.

Los centros de votación, que en otros tiempos solían llenarse de esperanza y participación, hoy lucieron desolados. La casi nula afluencia de electores confirmó que la ciudadanía no confía en este proceso y que, para muchos, votar sería una acción sin sentido, dado el control y la manipulación evidentes en cada paso del proceso electoral.

Esto no solo refleja el rechazo a la legitimidad del régimen, sino también expresa la profunda crisis de confianza en las instituciones y en la democracia formal en Venezuela. La población parece haber optado por la resistencia pasiva, dejando en claro que su silencio y abstención son una forma de protestar contra unas elecciones que consideran una mascarada más en el largo historial de manipulación y autoritarismo de Maduro y su entorno.

La jornada de este domingo fue un claro mensaje de la ciudadanía. La abstención masiva no solo simboliza el rechazo a un proceso electoral cuestionado, sino que también resalta el agotamiento de una población que, cansada de promesas incumplidas y de un régimen que ha destruido las instituciones democráticas, optó por no participar como una forma de expresar su rechazo y desconexión.