El secretario de Gestión Educativa sostuvo que las celebraciones ocurren mayormente fuera de las escuelas y remarcó que el desafío es darles un marco razonable que no afecte a estudiantes ni a la comunidad. Alejandro Williams Becker, sostuvo que la clave no pasa por prohibiciones, sino por reforzar la “corresponsabilidad” entre las familias y las escuelas para evitar situaciones de riesgo.
“Nosotros estuvimos al tanto de estas conversaciones que tenían los colegios. Entiendo que no es una prohibición; en rigor, un colegio no puede prohibir algo que ocurre mayormente fuera del establecimiento”, explicó el funcionario, en referencia a las celebraciones que realizan los estudiantes al comenzar su último año de secundaria.
Williams Becker remarcó que el arribo al último año “es algo que nos enorgullece como sociedad” y que representa “una emoción muy grande para cada familia y cada estudiante”. En ese sentido, dejó en claro que nadie cuestiona el derecho a festejar. “Eso es para celebrar y nadie lo quiere negar”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que el desafío es que se desea darle un marco razonable a un festejo que no ponga en riesgo a los estudiantes, a sus compañeros ni al resto de la comunidad educativa, y que el acompañamiento familiar resulta fundamental para ordenar estas celebraciones y evitar excesos.
El funcionario también hizo referencia a situaciones que suelen repetirse tras los festejos, como el estado en que quedan veredas frente a las escuelas y algunos monumentos públicos donde se realizan convocatorias.
“Todo eso es lo que tenemos que trabajar en conjunto como comunidad para que verdaderamente sea una alegría”, señaló.
Cuando el UPD queda asociado a “tintes negativos”, es señal de que “algo se ha distorsionado y se ha perdido lo esencial”, que debería ser simplemente celebrar el inicio del último año escolar.

