Trump pronto podría perder a su mejor amigo en Europa

Cuando el vicepresidente J.D. Vance acercó el teléfono al micrófono, pareció por un instante que su jefe no contestaría. Pero al segundo intento, y tras unos cuantos timbres, logró comunicarse con Donald Trump.

En defensa del presidente, cabe decir que tenía muchas cosas en la cabeza, ya que horas antes había amenazado con destruir “toda una civilización” en Irán. Esa crisis parecía estar a años luz del MTK Sportpark de Budapest, donde miles de húngaros se habían reunido para celebrar el “Día de la Amistad Húngaro-Estadounidense”.

Presentado como una celebración de la amistad entre las dos naciones, el día en realidad giró en torno a la amistad entre Trump y Victor Orbán, el primer ministro populista de Hungría, un ídolo del movimiento MAGA que va por detrás en las encuestas de cara a las elecciones parlamentarias de este fin de semana.

En una visita a Budapest en febrero, el secretario de Estado Marco Rubio recalcó que “el éxito de Hungría es nuestro éxito”. A primera vista, no queda claro por qué el “éxito” de la Hungría de Orbán —considerada la más corrupta, la menos libre y una de las más pobres de la Unión Europea— debería tener alguna relación con el “éxito” de Estados Unidos.

Pero para Ivan Krastev, politólogo búlgaro que conoce a Orbán desde la década de 1990, la situación no es tan extraña. Durante sus 16 años en el cargo, Orbán ha convertido a Hungría en el centro intelectual, institucional y financiero de la derecha europea, afirmó Krastev.

La administración Trump considera a Orbán y la infraestructura ideológica que ha construido fundamentales para su estrategia de crear una Europa más afín, es decir, contraria a la ideología woke, a los ecologistas y a la inmigración.

“Esta administración estadounidense cree que hay una revolución trumpiana, que esta revolución trumpiana está llegando a Europa y que Europa está tan solo un ciclo electoral por detrás de Estados Unidos”, declaró a CNN Krastev, presidente del Centro de Estrategias Liberales en Sofía, Bulgaria.

El partido opositor Tisza, liderado por Péter Magyar, ha mantenido una ventaja de dos dígitos sobre el partido Fidesz de Orbán en la mayoría de las encuestas durante más de un año.

Magyar, un leal a Orbán convertido en su adversario, se ha mantenido al margen del terreno predilecto del primer ministro, la política exterior, y se ha centrado en cambio en cuestiones cotidianas como la corrupción, la sanidad y la economía familiar.

Para los húngaros, las elecciones podrían ofrecer la oportunidad de vislumbrar un futuro sin Orbán.

Pero sus efectos podrían sentirse mucho más lejos. “Si Orbán pierde —el hombre que simboliza la fuerza de la extrema derecha—, esto tendrá un impacto psicológico tremendo”, afirmó Krastev.