Estados Unidos se encuentra ante una coyuntura histórica. Los candidatos presentan propuestas contrapuestas para abordar los principales desafíos que enfrenta la nación, desde los conflictos internacionales hasta la compleja situación económica y migratoria.
La elección presidencial en Estados Unidos se perfila como una de las más reñidas y trascendentales de las últimas décadas. Por un lado, el exmandatario Donald Trump busca regresar a la Casa Blanca con una agenda política conservadora y nacionalista. Por el otro, la actual vicepresidenta Kamala Harris representa una alternativa más progresista y globalista.
Las diferencias ideológicas entre ambos candidatos se reflejan en sus propuestas para la política exterior estadounidense. Trump, quien se caracterizó por un discurso de “América primero” durante su anterior mandato, plantea un mayor énfasis en la defensa de los intereses nacionales, incluyendo un enfoque más duro ante conflictos como los de Medio Oriente y Ucrania.
Por su parte, Harris aboga por un liderazgo más activo de Estados Unidos en la escena internacional, con el objetivo de reconstruir las alianzas tradicionales y hacer frente al avance geopolítico de potencias como China. Además, la candidata demócrata ha manifestado su intención de retomar el acuerdo nuclear con Irán y reafirmar el compromiso de Washington con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
La complejidad de los retos a los que se enfrenta Estados Unidos, que abarcan desde las tensiones geopolíticas hasta la crisis económica y la inmigración indocumentada, convierten a esta elección en un momento clave para definir el rumbo político del país en los próximos años.

