En el ámbito de la educación superior en Argentina, la cuestión del arancelamiento universitario para estudiantes extranjeros ha sido un tema de considerable debate y discusión. Según las recientes declaraciones del vocero Manuel Adorni, esta iniciativa, que había sido contemplada en la primera Ley de Bases, podría llegar a abarcar a casi 80.000 estudiantes, lo que representa el 3,9% de la matrícula total en las carreras de grado de las universidades públicas.
Esta población estudiantil extranjera se compone en su mayoría de estudiantes provenientes de países vecinos, encabezados por Brasil. La implementación de un sistema de arancelamiento para este grupo podría tener implicaciones importantes, tanto a nivel económico como social.
Desde una perspectiva financiera, la recaudación generada por el arancelamiento de estos 80.000 estudiantes extranjeros podría representar un ingreso significativo para las instituciones universitarias públicas, recursos que podrían ser destinados al mejoramiento de la infraestructura, la contratación de personal docente y la ampliación de la oferta académica. Sin embargo, es importante considerar el posible impacto que esta medida podría tener en la accesibilidad a la educación superior para los estudiantes extranjeros, quienes tradicionalmente han contado con la gratuidad de los estudios en las universidades públicas argentinas.
Desde una óptica social, la introducción del arancelamiento universitario para extranjeros podría generar debates en torno a la equidad y la inclusión en el sistema educativo. Algunos argumentarán que la gratuidad de la educación superior es un principio fundamental que debe preservarse, mientras que otros defenderán la idea de que los estudiantes extranjeros deben contribuir financieramente al costo de sus estudios. Este debate requerirá un análisis cuidadoso de los potenciales beneficios y desafíos que conllevaría la implementación de esta medida.

