¿Qué tienen en común Emilia Orozco y Juan Manuel Urtubey? Que a los dos los impusieron desde Buenos Aires. Un dato no menor en momentos que el centralismo es de tal intensidad, que hasta los gobernadores aliados al presidente Javier Milei comenzaron a abandonarlo por la lógica asfixiante de retener fondos propios de las provincias.
Una práctica, que también podría dar lugar una lluvia de denuncias penales, por retención indebida de fondos públicos. Ningún programa económico puede sostenerse a diez años vista y en el mientras tanto la pobreza, la indigencia y la destrucción del aparato productivo se sienten por hora. La candidatura de Emilia fue una orden directa, ejecutada en forma cortante, por el “Jefe” Karina Milei, por estas horas objeto de todas las miradas del país luego del escándalo que generó el bocón Diego Spagnuolo, reciente amigo del presidente y presentado por José Luis Espert, que en su verborragia logró algo hasta hace pocos días imposible, como es que se modifiquen los resultados electorales. La candidata Gabriela Flores se ufana por explicar que el líder de la Libertad Avanza en Salta es el triste aceitunero, riojano por adopción. Sin embargo, la voz del Jefe Karina hizo tronar el escarmiento y se acabo. Nosotros anticipamos que Emilia hace rato que ya no le responde.
En la vereda de enfrente, Juan, como le dicen los amigos pareció creerse el candidato oficial de Gustavo Sáenz y antes que cante un gallo salió disparados hacia las filas del altímetro autopercibido liberto kirchnerista, Emiliano Estrada, una unión que ningún pegamento podría apostar mucho. Cuando todo indicaba que Juan Manuel Urtuvey había abandonado la política porque llevaba más de seis años inactivo, un día reapareció en un escenariomás movido que barco en tempestad y tras su aterrizaje paracaídas provocó una estampida sólo comparable a los bombas de estruendo que hace sonar la hinchada de Central Norte cuando el cuervo sale a la cancha. Salieron despavoridos tampoco se sabe en nombre de qué lealtades, porque algunitos están más sucios que una papa. Lo cierto es que Estrada que hace dos años era al candidato a gobernador de Avancemos, un engendro pergeñado junto al ahora también degradado Carlos Raúl Zapata, en esta ocasión se reconvirtió al kirchnerismo puro y duro, donde la cautiva de la calle San José da órdenes que ya no se obedecen como antes. El poder es como el desodorante, después de un tiempo de abandona.
En ese panorama de reconversiones, lealtades sucesivas y desconfianza, el escándalo de la Agencia Nacional de la Discapacidad -ANDIS- parece haber puesto a cara descubierta que la corrupción no era patrimonio sólo del kirchnerismo, sino como dijo el presidente: “les estamos choreando a los que antes choreaban”. Si era una broma, es horrible y si es cierto, demostró ser peor, porque de repente, a los libertarios se les hizo trizas una de sus banderas más preciadas, como era la supuesta lucha contra la corrupción en el Estado. Las repercusiones son muchas. Mucho peor todavía son los tentáculos que se esparcen tras el escándalo, porque hasta ahora nadie sabe exactamente hasta dónde puede llegar o si de entrada fue subir la tarifa de la coima del 3% al 8% Todo esto no parece haberle preocupado mucho al todavía sorprendido candidato a senador nacional, el detective profesional Gonzalo Guzmán Coraita, quien siempre miró todo con un solo ojo: el que a él le convenía. No estuvo en sus libros que podría desembarcar en el Senado en reemplazo de Juan Carlos Romero y algunos de los actuales senadores se preguntan si acaso los salteños no elegirán un nuevo diego Spagnuolo, similitudes de altura, verborragia e intriga no les falta. Dicen que a Guzmán solamente le haría falta empezar a hablar.