Tras nueve meses de intensas negociaciones, el Gobierno argentino no logró la aprobación de los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, candidatos propuestos por el presidente Javier Milei para cubrir las vacantes en la Corte Suprema de Justicia. El Senado rechazó las designaciones, lo que deja abierta la incógnita sobre el futuro del académico Lijo, quien ya había jurado en comisión.
A diferencia de otros proyectos que habían logrado avanzar en el Congreso, esta vez las negociaciones no fueron dirigidas por el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, ni por el vice del Interior, Lisandro Catalán, que, aunque se mantuvieron en contacto con algunos gobernadores, optaron por no asistir a la sesión. Esto plantea preguntas sobre la estrategia del Gobierno para enfrentar el creciente descontento y la falta de apoyo en el legislativo.
La vicepresidenta Victoria Villarruel también tuvo un papel secundario en la jornada. Aunque inicialmente planeaba liderar la reunión legislativa, cambios sorpresivos en la agenda del presidente Milei le impidieron hacerlo. El mandatario viajó a Estados Unidos para recibir un premio y buscar mantener un encuentro informal con el presidente Donald Trump, en un momento crucial marcado por las negociaciones de un tratado de libre comercio y la inminente discusión de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El rechazo de los pliegos para la Corte Suprema no solo representa un revés para el Gobierno, sino que también subraya los desafíos políticos a los que se enfrenta Milei en su intento de consolidar su poder legislativo. La administración deberá encontrar una nueva estrategia para avanzar en su agenda reformista en un Congreso dividido y en medio de un clima político incierto. El próximo desafío parlamentario será crucial para medir la capacidad del oficialismo de adaptarse y conseguir los apoyos necesarios en el Congreso.