Europa está siendo golpeada por una intensa ola de frío polar que ha traído nieve, hielo y temperaturas extraordinariamente bajas a gran parte del continente, generando un impacto significativo en el transporte, la vida cotidiana y la seguridad de la población.
Una masa de aire ártico ha avanzado desde el norte de Europa, empujando las temperaturas a niveles bajo cero y provocando condiciones meteorológicas extremas. En países como Francia, los termómetros han descendido por debajo de los -10 °C, mientras que en el este de Inglaterra se registraron hasta -12.5 °C. En el norte de Suecia y Finlandia, las temperaturas han caído aún más, con registros extremos en zonas boreales.
Las nevadas intensas y la formación de hielo han tenido consecuencias graves: carreteras y vías férreas están dificultando la movilidad y han obligado a cancelar o retrasar cientos de vuelos en aeropuertos clave como Schiphol en Ámsterdam y los aeródromos parisinos Charles de Gaulle y Orly. Los servicios ferroviarios, incluidos los de alta velocidad entre grandes ciudades, también han sufrido interrupciones.
Según reportes oficiales, al menos seis personas han muerto en accidentes relacionados con las condiciones invernales, en su mayoría en Francia, donde el hielo en las rutas provocó siniestros viales, además de una víctima en Bosnia y Herzegovina. Las autoridades han instado a la población a extremar precauciones y limitar los traslados no esenciales.
El mal tiempo también ha causado cortes de electricidad y complicaciones en servicios públicos en varias regiones, desde Escandinavia hasta Europa Central. Las alertas por nieve y heladas se han extendido a numerosos países, y se espera que las bajas temperaturas persistan durante los próximos días, con la posibilidad de nuevas nevadas e interrupciones en el transporte.

