Con 74 años de historia, Cercená es la heladería más clásica de Salta. Hoy martes 3 de septiembre celebra su aniversario y se mantiene a través del tiempo en el corazón de la ciudad. Está ubicada en Mitre 55, galería “La Continental”, local 7, frente a plaza Nueve de Julio. Sus sabores únicos son una combinación de tradición y buen helado. Los clásicos de siempre: Copa del abuelo, Macedonia, Cristal, Melba, Copa grande y Pingüino bañado en chocolate. Los postres helados más solicitados por los clientes son: Casata Imperial, Charlotte Cercená y Capricho. También ofrecen en la carta, Sundae de frutas, de duraznos y de banana. Ice Cream y Milk Shake, licuados tradicionales y productos de cafetería.
Su dueña Érika Simesen, es parte de la tercera generación de esa familia y habló con Salta Va para contarnos sobre su historia y el encanto que mantiene vigente a Cercená. La heladería comenzó y continúa siendo un negocio familiar, sus primeros dueños eran inmigrantes italianos, que llegaron al país en contexto de posguerra. Érica nos recibe con su delantal azul de trabajo y una sonrisa cálida, son casi la una de la tarde y el local comienza a recibir clientes, ella prepara los helados y se encarga de todo. Los retratos de los abuelos italianos están ubicados arriba de un exhibidor, marcan el origen y la identidad de Cercená. Ellos fueron los herederos del oficio que trajeron de Italia. Érika nos cuenta que empezaron con mucho sacrificio, haciéndose cargo de cada detalle del local, pasando horas infinitas en su montaje. Los muebles los fabricaron en familia, así también la tapicería que la siguen renovando hoy en día sus propios dueños. La historia familiar es conmovedora y habla de inmigración y resistencia, también de épocas doradas, pero sobre todo de amor y reconocimiento a sus antepasados.
Con un ambiente familiar y de amabilidad, Cercená es un lugar único para disfrutar en familia, en pareja, con amigos y por supuesto, también solos. Es un símbolo en nuestra ciudad y se caracteriza por la calidad de sus productos, sus sabores nostálgicos y refrescantes que transportan a los clientes a la infancia. Es el amor a los recuerdos, porque en la heladería se activan las mismas sensaciones vividas. Nietos que rememoran paseos con sus abuelos por el centro, relatan con un brillo en los ojos que los abuelos esperaban cobrar la jubilación para llevarlos a Cercená. La visita a esta heladería se ha constituido en una tradición que se trasmite generacionalmente. Salta ha cambiado y el paso del tiempo también lo transitó y lo vivió esta heladería que continúa vital y que involucra a tres generaciones dentro de una familia y también como parte de la misma a los empleados que trabajan y trabajaron allí.
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