El 17 de octubre se erige como una jornada emblemática de lealtad, un recordatorio profundo de los orígenes del peronismo en Argentina, que fue transformando la narrativa política y social del país desde la primera mitad del siglo XX.
Sin embargo, al contemplar el peronismo actual, se hace evidente una desconexión alarmante entre sus ideales fundacionales y la realidad. Este contraste suscita reflexiones sobre la vigencia de los principios del movimiento y la realidad que viven muchos argentinos, particularmente aquellos que parecen haber sido olvidados en la lucha por la justicia social que alguna vez fue el núcleo del peronismo.
La frase “combatir el capital” se ha convertido, lamentablemente, en un lema que resuena vacíamente en el discurso político actual. El sacrificio y la dedicación del General Perón y ni que hablar de Evita la mujer de corazón noble, cuya esencia se basaba en la búsqueda de la dignidad para los desprotegidos, parecen diluirse en un mar de promesas incumplidas. En vez de avanzar en dirección a una verdadera justicia social, los estudiantes y los ancianos enfrentan, cada día más, las injusticias que tanto aborrecieron a los héroes de la lucha social.
Las banderas del peronismo, en otra época vibrantes y significativas, han quedado olvidadas lejos del fervor que les dio vida. Las luchas por la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, pilares fundamentales del movimiento, son frecuentemente ignoradas por aquellos que se autodenominan líderes. La traición a estos principios es palpable; ¿donde estaban las banderas del Peronismo que debía velar por el trabajador? ¿Envolvió a las patronales?…
Si comparamos los ideales que emergieron del 17 de octubre de 1945, el actual estado de la política y la sociedad plantea preguntas cruciales. ¿Dónde se encuentran los verdaderos defensores de los derechos de los más desfavorecidos? Recuerdo vívidamente a aquellos que realmente llevaban el lema peronista en el alma, quienes basaban su activismo en la protección de los vulnerables y en la creación de derechos esenciales que, hoy en día, se encuentran amenazados. La bondad y la búsqueda del bien común, presentadas como pilares en la retórica, parecen haber sido relegadas a un segundo plano. Mientras resuenan las estrofas del himno nacional en una vieja escuela de campo y los niños esperan comer allí, con sus ojitos llenos de ilusión ante un país que se olvida de ellos.
La marcha que habla del bienestar social, de los trabajadores y daba esperanza a todo el que la canta…hoy ya ni siquiera se la escucha. Y aquellos valores peronistas que promovían grandes hospitales y universidades accesibles para todos, se han desvanecido, dejando un hilo de nostalgia que refuerza la importancia del presente.
La lucha por un futuro mejor es, indudablemente, ahora, y no en la mera evocación de un pasado glorioso. La verdadera lealtad hacia el legado del 17 de octubre reside en la capacidad de los ciudadanos y sus representantes para renovar el compromiso con la justicia, la equidad y el bienestar social.
La lealtad silenciosa debe transformarse en un clamor por el cambio, recordando a todos que los sueños de un mañana próspero son posibles solo si se arraigan en la lucha constante por los derechos de los olvidados. La historia del peronismo: es el deber de cada generación llevar adelante la antorcha de la justicia social y la dignidad humana.
Lealtad silenciosa
