Quien dijo que todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón dice uno de los versos de la célebre canción de Fito Páez. Hasta hace unos días, en Salta particularmente, se creía que la dupla que integran la pantera de ébano Emilia Orozco y el autopercibido brujito de gulugú, el famoso detective Gonzalo Guzmán Coraita tenían sus bancas aseguradas para las elecciones de octubre. Comenzaron a mirar por encima del hombro a la gente, cada uno con su módica estatura. Nunca imaginaron que otro aspirante al metro como Diego Spagnuolo, a quien ahora niegan ser íntimo amigo del presidente, al que a su vez se lo presentó José Luis Espert -el mismo calaca como le dicen los libertarios que huye de los actos en moto- iba a provocar una catástrofe con repercusiones electorales en todo el país.
Recientes mediciones demuestran que el impacto sobre la credibilidad presidencial y la de su hermana “El Jefe” Karina Milei se erosionó como sal de roca granulada. Transportado a Salta, ni Emilia ni el demonio urkupiñero autopercibido detective serial, Guzmán Coraita, ni siquiera comenzaron la campaña. Se atrincheraron en el silencio. Nada dicen, nada proponen. Simplemente callan.
A esto se suma que la Corte Suprema de Justicia de la Nación sacó un falló en contra de Pablo Otero, el Señor del Tabaco, a quien tantas veces defendió de manera indisimulable Carlos Raúl Zapata, que implica el pago de una cifra escalofriante en dólares para evadir impuestos sobre sus cigarrillos de baja calidad que no tributaban. Es uno de los motivos por el que Zapata también está callado. No le convendrían salir a hacer sus cacareos onda gallo Claudio en estos momentos.
A Orozco, al detective serial Guzmán Coraita y a Zapata no sólo les conviene, sino que les recomendaron bajar el perfil. A los gritos de Emilia te los debo, dicen algunos. Otros dicen que ella les debe el saludo, porque de pronto, dejó de fingir su sonrisa hiénida para petrificarse en un rostro duro de mirada más parecida a la de los ataja caminos en la nocturnidad. Es que se dispararon las alarmas en el seno de la Libertad Avanza donde las internas alcanzaron niveles que ni siquiera el justicialismo en sus mejores épocas llegó a ser tan destructivo. Un todo contra todos que incluye a espías, operadores, influencer, arrepentidos. Spagnuolo y en el futuro lo será el detective salteño, punteros políticos que no creen que el ajuste inhumano sea la solución, entre otros especímenes a los que mejor habría que esconder.
Esta nueva realidad, provocó movimientos telúricos en varios distritos. En la ciudad de Buenos Aires por ejemplo, donde Patricia Bullrich parecía que iba a ser plebiscitada, de pronto el fantasma de la Suizo Argentina comenzó a opacar fuertemente su campaña electoral. Otro tanto comenzó a ocurrir en Salta donde la luna de miel parecería haber ingresado a la etapa del desamor que es cuando florecen los reproches y pase de facturas. Primero el aceitunero Olmedo propalaba a los cuatro vientos, con su vocecita tiple sin compostura que iba a ser senador y después gobernador. Hizo falta una sola llamada de “El Jefe” desde Buenos Aires para que empiece a hacer pucherito como los chicos. Se debió conformar con ser un suplente triste que aparece en reportajes con los ojos vidriosos recordándole a la audiencia que es él quien todavía manda. Si es así: no se nota. Por eso es que parecería que de pronto en octubre nada estaría perdido, o ¿Quién dijo que todo está perdido? Por lo pronto Guzmán Coraita y Spagnuolo.