Se terminó el silencio de Putin

El colapso de regímenes clave como Siria y Venezuela, la fragilidad de Irán y el avance de EE.UU. en África exponen los límites del poder ruso, cada vez más centrado en la guerra en Ucrania y condicionado por Donald Trump.

 El presidente ruso, Vladimir Putin, sin hablar pese al secuestro en alta mar de unos cargueros con bandera de su país, el ataque de EEUU a Venezuela o el llevado a cabo con drones supuestamente ucranianos contra una de sus residencias. Y cuando decidió hablar y lo hizo aprovechando la presentación de credenciales de los nuevos embajadores en su país.

Según quienes siguen muy de cerca lo que sucede en Rusia, entre ellos el veterano historiador estadounidense de origen ruso Vladimir Brovkin, su silencio tuvo que ver con un acalorado debate en los medios rusos y en la dirección militar y política del país.

Muchos criticaban a Putin por la que consideraban excesiva contención frente a las continuas provocaciones de Occidente y argumentaban, por ejemplo, que en otros tiempos, nunca se había atrevido EEUU a confiscar un carguero soviético en alta mar.

Putin parecía en cambio pensar que ninguna de aquellas provocaciones, tampoco el ataque a un país amigo como Venezuela, debían distraer a Rusia de su principal objetivo: su «operación militar especial» en Ucrania. Los generales rusos se habían quejado también supuestamente al Kremlin de la excesiva tolerancia con Polonia, país por donde entraba la mayor parte de las armas de la OTAN destinadas a Ucrania.

La repetición ahora por Putin de aquellas propuestas significa, según algunos, un endurecimiento de la postura del Kremlin ante lo que allí se ve como la obstinación de los líderes europeos en continuar alimentando con sus armas una guerra que deberían saber que no pueden en ningún caso ganar.