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Las tradiciones que mantienen vivos los recuerdos: así se vivió el Día de las Almas en la Casa de Severo Báez

Hay costumbres que trascienden el tiempo y se convierten en el puente perfecto para mantener vivos a quienes ya no están. En la tradicional Casa de Severo Báez, ubicada en Villa Primavera, Rafaela Gaspar —residente de la Puna y esposa del recordado Don Severo— abrió las puertas de su hogar para compartir cómo se vive el Día de las Almas, el significado profundo de las ofrendas y una herencia familiar que se transmite de generación en generación.

Este año, la celebración adquirió un sentido especialmente emotivo: honrar y continuar con el legado de Don Severo, recordándolo a través de cada preparación, cada pan con formas típicas y cada detalle de la mesa dispuesta. “Celebramos un día tan emotivo, tan especial, tan querido de nuestros seres queridos, los fieles difuntos”, expresó Rafaela durante la emotiva jornada.

La llegada de las almitas y la preparación de la mesa

De acuerdo con las creencias ancestrales arraigadas en la cultura puneña, la festividad comienza al mediodía del 2 de noviembre. A partir de las 13:00 horas, las familias se preparan para recibir la visita espiritual de sus seres queridos.

Sobre la mesa ritual, cuidadosamente decorada, se disponen ofrendas que incluyen una gran variedad de panes tradicionales, comidas cotidianas, bebidas, agua, gaseosas y frutas.
“Lo que ponemos en la mesa, lo que usted ve ahí, todos los pancitos, las comidas, las bebidas, es para que ellos vengan a disfrutarlo una vez al año. Se ponen contentas cuando usted en una humilde casa, lo poco o lo mucho que le pongan, ellas se ponen felices y ya vienen colmadas de bendiciones para los hogares”, relató Rafaela.
Asimismo, destacó que no se necesita contar con grandes espacios u hornos de barro para mantener viva la tradición: basta con ubicar una pequeña mesa en el hogar, colocar la fotografía del ser querido, encender una vela y ofrecer agua, galletas o los alimentos que disfrutaban en vida.

Memoria y afecto que trascienden

Para quienes custodian estas costumbres, el paso de las almitas por los hogares deja una huella imborrable de fortaleza espiritual. Rafaela compartió con calidez que en su casa, de espíritu sencillo y tradicionalista, las puertas siempre están abiertas para recibir el recuerdo de amigos y familiares que ya partieron.

“El momento es tan sentido que sientan valor, que tengan fuerza, porque nuestro ser querido nos ilumina, nos brilla y nos alienta desde el cielo”, reflexionó con emoción, recordando también a tantas amistades que dejaron su huella. “Entonces los esperamos con ese amor; cuando ellos entran a mi casa, esa alegría yo simplemente se las recuerdo así, a todas las amistades, nosotros en el corazón sentimos que están presentes todavía”.

Porque mientras haya memoria y amor en cada hogar, quienes ya no están continúan guiando y acompañando a los suyos.